La Ventana de Trutruka

domingo, marzo 19, 2006

El rito del mate



Si recurriéramos a gestos simples para solucionar embrollos, cuántos sinsabores, guerras y desaires nos ahorraríamos...
Si, como nuestras abuelas, nos sentáramos junto al fogón a cebar un matecito y conversar...
Antigua costumbre de nuestros países más australes es el matear, prepararlo, beberlo a sorbos lentos en medio de una conversación. Un placer como pocos.
Habría que sugerírselo a Condoleezza Rice y a Chávez, cavila la negra Tomasa. Y al viejo Menem y a la Bolocco, agrega entusiasmada.
Parecido reflexiona Miguel Ángel desde Río Cuarto, “uruguayos y argentinos nos debiéramos a sentar a tomar mate; con los chilenos, también. Quizás sea un camino de amistad que nos marque el rumbo para superar las pelotudas posiciones políticas de nuestros conductores, y que se atienda el reclamo de los pueblos”.
Y para reafirmar lo dicho, me envía un texto de Lucía Álvarez Romero, de Palermo, Buenos Aires, aparecido en la publicación Sachadiario 14, periódico gratuito de circulación online.

Queda hecha la invitación a la mateada...


EL RITO DEL MATE

“Vos sabés de qué hablo…
Una simple infusión, con un sabor inconfundible que, incluso, si uno lo degusta seriamente, encuentra que no es rico.
Tampoco feo: es sólo mate.
Pero aquí el quid del asunto.
Hacete el distraído, te develará una gran verdad: el sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores.
Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena; la charla, no el mate.
Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar: vos hablás que yo tomo y viceversa.
Es la sinceridad para decir bien: - ¡Basta... cambiá la yerba!
Es el compañerismo hecho momento.
Es la sensibilidad al agua hirviendo.
Es el cariño para preguntar: “está caliente ¿no?”
Es la modestia de quien ceba el mejor mate.
Es la generosidad de dar hasta el final.
Es la hospitalidad de la invitación, ya sea la alfombra de tela o de pasto.
Es la justicia de uno por uno.
Es la obligación de decir gracias, al menos una vez al día.
Es la actitud ética, franca, leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir un mate que, querido amigo, ahora vos sabés, no es sólo un mate...
¿Cuándo tomamos unos mates?”.

Y eso...

3 Comments:

At 9:16 a. m., Anonymous Anónimo said...

Luis:

Al leer "el "rito del Mate", inmediatamente vienen a mi memoria las imágenes de mi abuela materna y de mi madre al lado de la cocina a leña en Temuco, calentando el agua para que, junto a unas tostadas y a una paila de queso derretido, conversemos, arreglemos el mundo, en fin, "matear un rato". Con leche, aguardiente en invierno, hojas de cedrón y una tajada de cáscara de limón en verano, sin duda una bebida que invita a pensar y al diálogo.

Ya, mejor les cedo el mate y cierro la ventana, que la lluvia y las hojas del cerezo están entrando en la cocina de mi oficina de Antofagasta

 
At 11:10 a. m., Anonymous Anónimo said...

Estoy esperando la primera lluvia para organizar una "mateada" con sopaipillas y ambientación rural con mis huéspedes extranjeros, quienes van a alucinar con este rito...

 
At 12:06 p. m., Anonymous Anónimo said...

Chamigo, para mi cumpa... a ver cuándo compartimos unos cimarrones...te dejo con lo de Lalo Mir, en el programa "Lalo Bla Bla" Radio Mitre

El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca.
Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed.
Es más bien una costumbre, como rascarse.
El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace
conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.
Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es "hola" y la segunda
"¿unos mates?".
Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres.
Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios
o inmaduros.
Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes
mientras estudian o se drogan.
Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse
en cara.
Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar. En verano y en invierno.
Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los
buenos y los malos.
Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das
tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo
enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te
sale el corazón del cuerpo. Después ellos, con los años, elegirán si
tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja,
con yuyos, con un chorrito de limón.

Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente
pregunta, cuando no hay confianza: "¿Dulce o amargo?". El otro responde:
"Como tomes vos".

Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba.
La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con
inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de
nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba, un
vecino tiene y te da. La yerba no se le niega a nadie.
Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser
un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular.Nada de
pantalones largos, circuncisión,universidad o vivir lejos de los padres.

Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar
por primera vez unos mates, solos. No es casualidad. No es porque sí.
El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin
que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene
alma. O está muerto de miedo, o está muerto de amor, o algo: pero no es
un día cualquiera.
Ninguno de nosotros nos acordamos del día en que tomamos por primera
vez un mate solo. Pero debe haber sido un día importante para cada uno.
Por adentro hay revoluciones.
El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de
valores...
Es la solidaridad de bancar esos! mates lavados porque la charla es
buena.
La charla, no el mate.
Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás
mientras el otro toma y es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá la
yerba!".
Es el compañerismo hecho momento.
Es la sensibilidad al agua hirviendo.
Es el cariño para preguntar, estúpidamente, "¿está caliente, no?".
Es la modestia de quien ceba el mejor mate.
Es la generosidad de dar hasta el final.
Es la hospitalidad de la invitación.
Es la justicia de uno por uno.
Es la obligación de decir "gracias", al menos una vez al día.
Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores
pretensiones
que compartir.
¿TE SENTISTE INCLUÍDO?.... compartilo entonces con quienes alguna vez
tomaste un mate

 

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