La Ventana de Trutruka

martes, septiembre 12, 2006

Devórame otra vez

Con cierto pudor, me he propuesto meterle el diente a la canción de Lalo Rodríguez, “Devórame otra vez”.
Aunque, a decir verdad, es mucho más incómodo bailarla y corearla con una mujer que uno apenas conoce, por muy desinhibido que uno sea y enfiestado que se encuentre. Y mucho más embarazoso si la pareja de baile es la mamá de un amigo o la polola del amigo de tu hijo. Nunca tan suelto de cuerpo para proclamar “en mi cama nadie es como tú…”.
Una versión instrumental la encuentran en www.yunque.net/joseramz/devorame.htm
Por cierto, recuerdo el “Cómeme, perro”, una especie de versión-femenina de esta canción, poema escrito por Sofanor Tobar, grabado por "Los Patricios" en 1972 y que, también, cantaba Tito Fernández. “Entrecerrando los ojos, y los dientes ‘apretaos’, / ¡cómeme, perro!, me decía, mientras la estaba besando. / Sus gruesos labios ardientes, sobre los míos cargando”.
Vamos al “Devórame”.

He llenado tu tiempo vacío de aventuras más
Y mi mente ha parido nostalgias por no verte ya
Y haciendo el amor te he nombrado sin quererlo yo
Porque en todas busco lo salvaje de tu sexo, amor

Ella se ha ido. (Podría ser él. He escuchado algunas versiones interpretadas por mujeres). Mas, es una ausencia para nada angustiante que se suple con andanzas y aventuras que no comprometen. Se trata de una ausencia del cuerpo y no del cariño. Si bien mencionar que “ha parido nostalgias” podría suponer dar a luz recuerdos con dolor, no es sino un souvenir que aparece, por un descuido del inconsciente; y al nombrarla, involuntariamente, la hace presente en ese tiempo ahora colmado por otra mujer. Más aún, sin perder el tiempo –ese tiempo vacío- se deja llevar por el retozo y el placer. Souvenir, en todo caso, no efímero ni etéreo, que le ha dejado una marca indeleble en su carne, en su animalidad que determina su sistemática e insaciable búsqueda del sexo salvaje, ¿caníbal, amor?


Hasta en sueños he creído tenerte devorándome
Y he mojado mis sábanas blancas recordándote
y en mi cama nadie es como tú
No he podido encontrar la mujer
que dibuje mi cuerpo en cada rincón
sin que sobre un pedazo de piel ¡ay! ven

La nostalgia de ese cuerpo que le da solaz no sólo la tiene a flor de piel sino en lo más recóndito de su ser, lo que le martiriza y, a la vez, le hace feliz hasta en sueños. Bendita actividad onírica.
Poco importa que ella lo devore y, en ese asalto, él pierda la vida, como los cristianos cuando eran devorados por leones (y leonas, me imagino) en el Circo Romano; bienvenido martirio, sendero seguro a la felicidad eterna.
Dado que vigilia y sueño son dos caras de la misma moneda, el recuerdo lo persigue a luz y sombra, y así, el sexo salvaje presente en cuanto ausente hace brotar el recuerdo y, también, el llanto; lágrimas y polución nocturna humedecen sus sábanas.
Y, como corresponde, ellas son “sábanas blancas, recordándote”, albas e inmaculadas, del color símbolo de la pureza y virginidad. Como cavilé alguna vez, “piernas más, / piernas menos, / y el suave, / fresco, / olvidado/ y/ sugerente/ roce de las sábanas”
Y dejando las sugerencias de lado, la afirmación rotunda: “en mi cama nadie es como tú”, resignación y frustración ante la ausencia de pasión, locura, color y canibalismo… “sin que sobre un pedazo de piel”. Ni un milímetro de cutícula…
Y los versos “y en mi cama nadie es como tú,/ no he podido encontrar la mujer”, traen a la mente al sujeto del bolero “Inolvidable”, de Julio Gutiérrez, quien también se afanó en búsquedas que nunca lograron opacar a la única y verdadera dueña de su ser pero desgraciadamente ausente y ya lejana:”He besado otras bocas/ buscando nuevas ansiedades/ y otros brazos me estrechan/ llenos de emoción / pero sólo consiguen hacerme/ recordar los tuyos/ que, inolvidablemente vivirán en mí”. O es puro cuento?

Devórame otra vez, ven devórame otra vez
Devórame otra vez, ven devórame otra vez
Ven castígame con tus deseos más
que mi amor lo guardo para ti
Que la boca me sabe a tu cuerpo
desesperan mis ganas por ti

¿Canibalismo, antropofagia, devoración?
La palabra “canibalismo” es de origen caribe y fue utilizada por Colón para nombrar a los habitantes de una isla por él desconocidos y que fueron temidos y tenidos por antropófagos. Sólo como antecedente, Lalo Rodríguez, autor de “Devórame”, nació 500 años después en la isla caribeña de Puerto Rico.
Dicen los estudiosos que comerse a otra persona puede estar motivado por un deseo superior, por el deseo de incorporar cualidades del bocado a la personalidad del gourmand, lo cual lo convierte en un acto de amor y admiración. Ciertas religiones practican la antropofagia simbólica; la misma Comunión católica, sin ir más lejos.
Hay muchas canciones en la temática. Mencionábamos el “Cómeme, perro”, de Sofanor Tobar; la canción del folklore “Duerme, duerme negrito”, porque “…si negro no se duerme/ viene el diablo blanco y zas! .../le come la patita, chicapumba/ Chicapumba apumba chicapum"; de Paz Martínez, “Entre la tierra y el cielo”, interpretada por Los Nocheros: “Voy a comerte el corazón a besos, a recorrer sin límites tu cuerpo”…
Desde niños, conocemos casos de devoración. Antes de ir a la cama, escuchamos la historia de Caperucita Roja y el lobo; y en el catecismo nos contaron la hazaña bíblica de Jonás y la ballena. En estos casos, el devorado sigue viviendo dentro del devorador/a, de manera que el tema de esos cuentos apuntaría a la vida después de la muerte, a la trascendencia de la vida.
Ahora en el caso de la canción que analizamos, quien devora no es un monstruo, ni un lobo… O lo es?
Se trata de la “petite morte”, de esa pequeña muerte que es el orgasmo en que los dos mueren y así alargan la vida.


Ahora, amigas, nunca alguna de ustedes se ha comido un mino?
Y entre nos, amigotes, quién no se ha comido una minita?

Y eso…

4 Comments:

At 12:34 a. m., Blogger Julia Ardón said...

jajja...muy simpático!!!

 
At 12:22 p. m., Anonymous Anónimo said...

Ese tema tiene bastante tiempo, lo que me hace pensar que esos ritmos y sus melodías demoran mucho en bajar los Andes y llegar a tu país.
En efecto, es un tema inscrito en lo que se llamó la 'salsa sensual', ritmos que afectaron y encendieron los textos de las canciones populares con las inclinaciones afectivas de sus intérpretes o compositores. Los hermanos Rivera, Tito Nieves, Gilberto Santa Rosa son de los mejores exponentes. Entre las mujeres se encuentran Ednita Nazario y Olga Tañón.
Es llevar al ritmo de salsa, los temas propios de los boleros clásicos pero con textos más atrevidos.
Saludos,
Modesto

 
At 9:00 p. m., Anonymous Anónimo said...

Talves na que ver, pero me acordé caleta de aquella canción que interpretara maravillosamente don Carlos Mejía Godoy y los de la Palacaguina: "Son tus perjumenes mujer".... los que me suliveyan...

Un abrazo

Daniel

 
At 4:54 p. m., Anonymous Anónimo said...

Me divirtió tu análisis, sobre todo el inicio. Me vi en más de una ocasión bailar coreando inspirada esta canción, y con cierto pudor al darme cuenta de lo que estaba diciéndo frente a alguien con el que tenía poca o nada de confianza.

 

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